miércoles, 30 de enero de 2008

Simple

Al despertar y encontrarme con esa agonía en mi cuerpo de madrugada, con el cansancio de saber que tengo que viajar 1 hora en dos transportes diferentes hace de mí ganas de ser idiota. Durante mucho tiempo no contemple el magnífico significado de la palabra idiota, tiene tanta magnitud y ala vez es tan precisa. Siento que es una palabra agresiva como imbécil si no creo que es algo tan triste como ver morir a tu mayor proyecto en tus manos. Creer que el amor es lindo cuando aun sigue fallando eso es un ejemplo de un Idiota que no logra ver la realidad de su problema. El idiota, en mi opinión, es exactamente igual a la sensación de haber fumado marihuana y poder expresar todas las emociones sin ningún prejuicio, es reírse de todo y que todo te asombra de manera deslumbrante. Es poder entusiasmarse todo el tiempo por cualquier cosa, dejarse persuadir por afiches de la calle, publicidades, edificios, cosas deslumbrantes que nos acostumbramos a verlas cotidianamente.
Es como expresó Cortazar en su texto (Hay que ser realmente idiota): ” La idiotez debe ser una especie de presencia y recomienzo constante: ahora me gusta esta piedrita amarilla, ahora me gusta "L'année dernière à Marienbad", ahora me gustas tú, ratita, ahora me gusta esa increíble locomotora bufando en la Gare de Lyon, ahora me gusta ese cartel arrancado y sucio. Ahora me gusta, me gusta tanto, ahora soy yo, reincidentemente yo, el idiota perfecto en su idiotez que no sabe que es idiota y goza perdido en su goce, hasta que la primera frase inteligente lo devuelva a la conciencia de su idiotez y lo haga buscar presuroso un cigarrillo con manos torpes, mirando al suelo, comprendiendo y a veces aceptando porque también un idiota tiene que vivir”...

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