
La lluvia tocaba la chapa del vecino y sonaba tan particular.
Ana no quería levantarse. Se tapo con la manta de lana y lloro un poco más que antes.
El río casi tapaba el muelle. Ana simulaba dormir.
Hacia frió necesitaba amor. Sentía que el aire helaba sus pies y que sus labios se quebraban.
Era tarde , tenía que partir. Se destapo sufrió un temblor en su cuerpo. Se vistió con su levis, las botas marrones, con peluche dentro, y decidió dejarse la remera que tenía de piyama , se colocó su suéter azul con rombos rojos. Agarro el gamulan y salió.
Lloró , lloró hasta hundirse en la tierra.
Ana estaba sola y no quería salir.
