Marisol nunca atendió el despertador. Allí quedo, entre las sabanas. Tres golpes sonaron. Lisandro los reproducía tras la puerta. La muralla de sol caía en la persiana de la habitación. El teléfono llamaba. El jardín estaba seco , Lisandro entre desilusiones y agonias yacía del otro lado de la madera, dibujando imagenes en su mente. La luna de agua flotaba en la noche . "Dos que se conocen màs" nunca escuchó esa frase Marisol. Prefirió ignorar que tenía a alguien del otro lado de la puerta.