Anoche encontré una carta de Juan , el sobre era color azul. Tenía aroma rico, porque estaba guardado en un cajón junto a unos inciensos de coco. No sabía si abrirla. Después de tanto tiempo sin recordar tenía miedo. No pude , no encontré el valor para volver a zambullirme en el dolor. La dejé tirada en la mesada de la cocina junto a la taza de café.
Esa mañana llovía y los rayos de sol marcaban la caída del agua. Estaba muy hermoso para quedarnos encerrados en la casa y decidimos salir a nadar en el río bajo la lluvia. Las gotas pegaban de manera fuerte pero nuestro estado de idiotez era tan mayor que nos permitía reír y disfrutar el verde. A Juan no le interesaba mucho demostrar que le temía al agua, por eso cada vez que yo me zambullía él solo se sentaba en el bote y mojaba sus pies.
La lluvia había mojado el armario de la cocina. La madera desde ese entonces está podrida.
La taza blanca estaba junto a la carta , cuando no se usaba se guardaba en el mueble , lleno de humedad, pero preciado. Ese fue el regalo de amor de Juan por nuestro aniversario. Las puertas son de vidrio y tiene un marco de madera de pino clarita muy delicado.
Desde ese día no supe más nada de él, solo la carta.
Después de nadar en el agua con la lluvia de verano me subí al bote y nos fuimos al mercado a comprar queso y tomate cherry. Ese día tenía muchas ganas de comer ensalada capresse con tostadas de pan frances.
En casa la planta de albaca era lo que más cuidaba después de Nika, mi gata blanca.
Mire el reloj y era hora de ir a buscar a Luca al jardín.
“Ya no solo me faltá el aire si no también la sangre en mi piel”, que tema tan solo, pensé y apague la radio.
Luca tenía cinco años es tan lindo como su papá. Sus ojitos son color miel, naricita pequeña, muchos rulitos hermosos castaños claros y una espalda grande y linda. Fanático del sol y del agua. Siempre amaba cuando lo buscaba de El planeta Verde porque reía como un loco cuando se subía al gomon rojo a motor, que tanto me costó comprar.
El sobre seguía allí y hacía tiempo que no sabía nada de Juan.
Miraba pensando en leerlo, lo veía tratando de quemarlo con lo ojos. Mientras estaba sentada en la mesa diaria, compartiendo la hora de la leche con Luca, ubicada en la cocina comedor rodeada de ventanales de vidrios sonó el teléfono y era mi mamá que quería cuidar y mimar a Lu este fin de semana. Unos días sola no me iban a dañar, pensé.
Le preparé la mochilita mientras él buscaba su pelota y su tractor. Se baño solito y se cambio. Él solo me permitía que le eligiera la ropa y peinará. Se puso su camisa preferida blanca a cuadritos celeste con su bermudita color azul marino. Lo peine , no mucho porque me gustaba como le quedaban los rulos despeinados , se puso colonia y salimos rumbo a la estación. Allí estaba la Abuela Delia esperándolo con su sonrisa de amor.
No se que me pasa debo partir lejos de aquí, escuchaba esa frase en mi mente durante todo el camino, era de la carta.
Cielo de Ti sonaba de fondo , Spinetta, un café con leche acompañado de un sándwich de pan negro con queso y tomate eran mi cena, quedaban pocos cigarrillos en el paquete eran las diez. Estaba sentada y la miraba tanto que comencé a llorar.
Esto se pobló de gente, ya casi es fin de año, hay casas con muchos lujos. Nunca pensamos que esto iba a terminar así. Sigo igual mi cuerpo esta un poco diferente. Tengo el cabello rubio , el morocho ya me estaba cansando mucho y las canas comenzaban a notarse , así que decidí volver a mi color de niña. La casa está un poco diferente que en aquellos días, la decoré algo pero el mueble sigue allí.
Mañana cumplo 48 y sigo sin saber de ti.
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