Era un Pac Man. Comía y comía los fantasmas de la soledad pero sola Ana estaba. No encontraba respuestas a su relación con el mundo. Ana no entendía el porque de tantas cosas. Quiso que María la ayudara pero ya era parte de su tropa de fantasmas. Iba capturando a toda persona solitaria y les daba un poco de amor y después ella partía. Porque los fantasmas no eran los que estaban solos, era Ana. Estaba asustada en su laberinto de edificios y no comprendía por donde empezar. Todo le llamaba mucho la atención. La gente que se besaba, los fantasmas que la saludaban ya no la corrían más. Ella sola corría a los demás.
Pobre Ana no podía entender que caminar le iba a hacer más sencillo.
Se sentó y pensó. Pensó tanto que las lágrimas comenzaron a caer. La desesperación era complicada de entender para Ana. Estaba desesperada pero ¿de que? ¿Tenia miedo que la vida la pasara por encima? Decidió respirar profundo y salir de su prisión de pensamientos.
Quería estar sola. Necesitaba pensar solamente en ella. No podía admitir que le gustaba su soledad.
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